viernes, 11 de enero de 2008

SOBRE LA SUCESIÓN

Hace pocos días el rey de España ha cumplido 70 años. No es mala edad para nadie y menos para un rey. Sin embargo, hemos tenido que contemplar como toda una serie de programas televisivos nos han saturado con el evento hasta la extenuación. Cosas que pasan en un lugar donde privan los Cortesanos, y más aun televisivos.
A la vez, se nos habla desde los partidos políticos que la Constitución debe reformarse para que la hija del Príncipe de Asturias se convierta en la heredera de la corona en un futuro más o menos cercano…. Y es curioso contemplar como ciertos grupos de mujeres, de tendencias políticas variadas, toman este estandarte y lo defienden como suyo; la hija del Príncipe debe ser reina por cuestiones de igualdad.
Ante esta perspectiva tengo varios puntos de discrepancia que me gustaría señalar, puntos que, aviso a navegantes, no tienen nada que ver con el machismo. En una institución tan anacrónica como la monarquía, cuya base es que Dios ha señalado a una familia para que sea esa la que reine por encima de las demás… ¿Cómo vamos a hablar de igualdad? Si acepto el juego de la monarquía deberé aceptar sus reglas, que son tan anacrónicas como la misma institución, y deberé comprender o al menos transigir con que el hijo varón sea el heredero y no la muchachita y que el Jefe del Estado debe ser un señor que nos lo ha mandado el mismo Dios. A todos aquellos que pretenden hacer razonable una institución medieval y, peor aún, igualitaria entre sus miembros yo les preguntaría: Bien… ¿y por qué no puede ser el segundo hijo/a el heredero al trono y debe serlo el primero? ¿Y por qué no el tercero? ¿Y por que no el más capacitado independientemente de su orden en el nacimiento?
A todos estos políticos/as que tanto les preocupa la cuestión monárquica y que pretenden cambiar la Constitución tan solo para decidir si en el futuro debe haber un nene o una nena en la Jefatura del Estado se les olvida lo más importante. Si abrimos la Carta Magna debe ser para cosas más importantes, para saber con que tipo de régimen político queremos regirnos en los próximos años (sea monarquía o república), que sistema es el que queremos instaurar (federal, autonómico…etc), que pasos debe dar una parte del territorio si libre y pacíficamente quiere separarse del resto del Estado, cuales deben ser las relaciones con la Iglesia (¿aconfesionales, laicas…?), que debe hacerse con el problema de la inmigración, cuales son las funciones reales de las fuerzas armadas (lo que dice actualmente el artículo 8 en su apartado primero es realmente inquietante), que sistema tributario deben tener las diferentes zonas del país, hasta que punto debe llegar la solidaridad entre las diferentes comunidades (no puede ser que siempre paguen los mismos y siempre reciban los mismos por siempre jamás…) etc... En fin, toda una serie de reglas o leyes que nos ayuden a convivir mejor entre todos, que los que quieran ser españoles lo sean por convicción y no por obligación y que el eterno fantasma de la España negra y profunda, esa que tanto parece gustar a algunos, se disipe de una vez para siempre.
Para todo eso y muchas cosas más que, por falta de tiempo e incluso de imaginación me he dejado en el tintero, es para lo que debe abrirse realmente la Constitución y no para una entupida nimiedad que tan solo parece preocuparse en los órganos reproductores del futuro Jefe del Estado.
La Constitución española no es un dogma de fe, no la bajo Moisés del monte junto con las tablas de la ley, la podemos cambiar cuando sea necesario o incluso cuando nos apetezca. Nosotros somos los que debemos marcar las leyes y éstas deben ser siempre parte de la solución y nunca parte del problema.

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